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Qui potest capere, capiat

Desprecio

Desprecio

Esa noche sería la noche más hermosa de todas...
Lo que aquí se vive es algo que viajará hasta el último rincón del universo, como una energía que viaja, trasmitiendo conversaciones, risas, llantos, trasmitiendo sudor, frío y oscuridad, trasmitiendo alegría e inquietud…
Fueron las últimas palabras de nuestro joven protagonista, “te amo”…
Eres una enfermera que está harta de su vida, sin pretendientes y con muy malos hábitos de vida, una enfermera que no sabía que odiaba su vida…
en un sagrado esfuerzo por aferrarse a sus antiguas creencias, lo único que la ataba a su infancia, y a lo que recordaba de cuando fue feliz, en ese intento desesperado pidió un milagro… pidió encontrar luego a su primer amor…
Ese día nuestra joven enfermera viajaba de retorno a su casa atorada en un tráfico horrible que sólo le recordaba su soledad y su frustración, cosa que reflejaba con malos gestos y bocinazos cada vez que se detenía…
Eres un viejo amargado, que odia su vida desde un tiempo que no recuerdas, has golpeado innumerables veces a tus hijos, de los cuales piensas aun así fueron malcriados… ellos te odian dentro de su miseria… tu esposa te sigue esperando en las noches con una mala cara, no le gusta que bebas, porque te pones “violento”, según ella…
Estás arto de tu vida, siempre tener que levantarte temprano a atender ese quiosco, para vender unos cuantos diarios, cigarrillos sueltos y un par de golosinas…todos los días del año…, que nadie te vea a la cara todas esas horas. Caras que tampoco quieres ver, sólo te sientas a ver tu teleserie mientras pasan las horas…
Ese día saliste a oscuras a tu esquina del centro, y cuando te despediste de tu esposa la miraste con desprecio y la encontraste muy vieja y fea, ya no es lo que era… Ese día estuviste todo el día pensando en ella…
“que pena me da saber que al final de este amor ya no queda nada,
sólo una triste canción,
da vueltas por mi guitarra”
… tocó la radio justo antes que la apagaras para ver la teleserie cuando…

Eres un joven repartidor de pizzas, que has gastado tu vida entera en nada, que ahora se ve en ese trabajo porque dejaste la universidad, que trabaja porque tiene un hijo, eres un joven que ya no ve a su mujer, que ya no es su mujer, eres un joven que tuvo muchos sueños, sueños que fueron muy prematuros, sueños que fueron abortados en contra de su voluntad…

Ese día cuando te despediste de ella con un beso muy cercano a sus labios, sonriente, (la mujer que ya no es tu mujer), y sólo pensaste que no te gusta estar solo, que quieres a alguien a tu lado, que estás cojo…
Cuando nuestro joven se dirigía a hacer una entrega de una pizza, puso las llaves en la moto y se tomó un segundo, lo sintió diferente…

el viento te sacude y enfría tu cuerpo, te gusta esa sensación, especialmente días como estos, tu casco lo sientes cómodo y sabes exactamente dónde ir… ya son las últimas horas de sol, plena hora pick de verano, el tráfico es insoportable, pero te sabes los atajos de memoria…
Cuando empezaste en ese trabajo estabas feliz de tener una fuente de ingreso, sentías orgullo…
Ahora lo odias, porque no valió la pena,… desde hace un rato que deseas en secreto, que cosas malas te sucedan, sólo por llamar la atención… para decir, estoy aquí…
Pero nada.
Ese día tomaste el atajo correspondiente y un automovilista, de esos que piensan que la luz amarilla es para acelerar y no para detenerse (de esos que se meten con una mujer comprometida por mero capricho), avanzó y sólo viste unas luces que te hicieron ver todo negro…
Un automovilista que no tiene nada que ver con esta historia…
Justo en esa esquina, desde tu quiosco sentiste un choque muy cerca.
Estás harta de las luces rojas y justo te toca una, y en el preciso momento en que ibas a putear, antes de eso avanzó el que está adelante tuyo y lo vez estrellarse con una moto.
Cuando sentiste ese “chancacazo” te levantaste rápido para ver… sólo vez humo y chatarra, en el suelo alguien inmóvil…
Después de un momento vez el cielo en pleno arrebol y una mujer hablándote, pero no puedes escucharla, solo le vez mover la boca y balbucear… ¿qué pasó? ¿Dónde estoy? Te preguntaste…
Tu eres enfermera, sabes que hacer, pero ¿por qué tengo las piernas y los brazos paralizados? Pensaste cuando volviste en ti…
Después de titubear unos segundos corriste a ver aquél joven tendido en el suelo, por entre las nieblas vez a una mujer bajarse de un auto y correr hacia el joven…
¿Quiénes son estas personas?, pensaste mientras no podías moverte…
Tratas de tranquilizarte y darle el peso a la situación, y para no caer en desesperación te acordaste de ese barco que usaste en tus fantasías, surcando los mares agitados, en plena tormenta pescando y amando cada momento en tanta adrenalina, te acordaste de lo mucho que querías escapar por un respiro así…
Tu sabes qué hacer, lo examinas y le preguntas quién es, pero no puede responder, tratas de buscar sangre para ver las heridas, aunque sabías que era peor que eso…tocas la parte superior de tu espalda y sientes tus dedos húmedos, los miras y es sangre…

Antes de darte cuenta de lo que pasaba, la mujer que se acercó al joven te dijo que llamaras a la ambulancia. Sin pensarlo dos veces corres de nuevo a tu quiosco, y los llamas.
En ese momento te das cuenta que si le sacas el casco a ese joven que aún respiraba dejaría de hacerlo, se ha roto el cráneo, y el casco lo mantiene vivo.
Nuestro joven protagonista recobra la cordura por un instante, y escucha las palabras de la mujer que le gritaba, ¿Cómo te llamas? Tranquilo.-insistía ella…
¿Quién soy?-retumbó esa pregunta al mismo tiempo que sentiste el frío que hacía…
¿Está bien mijita?.- preguntó el viejo a la mujer, asumiendo que ella estaba más enterada que él con respecto al joven-ya los llamé.- continuó…
Oh mierda, tuve un accidente.-pensaste mientras veías a aquella hermosa mujer.
Soy “tanto” (pues el nombre no tiene importancia alguna a nuestra historia)… al decir eso, te acordaste de tu padre, y luego casi instantáneamente de tu madre… la viste llorar, quisiste llamarla… quisiste verla, y también quisiste no verla llorar…

Está mal,- le respondiste al viejo, miraste tu auto y viste que seguía allí… te volteaste a mirar al joven y él te miraba, estaba consiente…
Viste a la mujer mirarte con una especial dulzura y de inmediato de acordaste de la mujer que ya no es tu mujer, te sonreía con mucha pena, pero fuiste feliz, te acordaste de esos bellos momentos que pasaste con ella, de vivir esas experiencias de ser ambos padres primerizos, de no saber cómo hacer dormir a la guagua, de esas noches de desvelos, de conversaciones y debates entre ellas, de tantas noches de sonrisas y sueños que se tejían en común, de anhelar ver a tu hijo jugando contento en el jardín de su propia casa, no en las de sus abuelos…

Te acordaste de esas tantas noches que hablaron hasta las lágrimas y prometerse amor eterno, y mientras veías a aquella mujer desviar la mirada para ver si venía alguien, te dabas cuenta que no era ella, que era una extraña…
Pasaste un rato tratando de calmarlo, y al mirar la cara del viejo que estaba de rodillas al lado tuyo, te diste cuenta que era muy tarde, que el cielo ya era de otro color, un color oscuro,
Te acuerdas de ella, y sabes que no está ahí contigo, que no ha estado ahí desde hace mucho tiempo, que ella está con otro ahora, otro que le habla y la escucha, que la hace reír y teje sus propios sueños, te da rabia de hecho. Te acuerdas de ese mal hombre que sabía dónde se estaba metiendo, al que juraste golpear el día que vieras, el hombre por el que ella ya no te miró con los mismos ojos…
El joven tumbado en el suelo quiso levantarse, y al ver la reacción de la mujer, lo sujetaste, como ayudándola a que se quedara en el piso… tranquilo mijito, todo va a salir bien.- le dijiste mientras te miraba a través del casco trizado, con una mirada que no viste pero sentiste bien adentro…
Cuando luchaste por pararte y no te dejaron, se te pasó la rabia y entró el desconsuelo, ¿Cuánto tiempo llevabas en el suelo? Sentiste mucho frío… y cuando la mujer te preguntó si quieres llamar a alguien mostrándote su teléfono, viste que ya era muy de noche, que se asomaba la luna por entre las nubes. Y te dio pena, sabías a quien llamar. En ese mismo momento viste a la mujer que tuvo que haber sido tu mujer, te acordaste de todo este tiempo que la odiaste por dejarte, y te sentiste culpable de sus lágrimas inocentes al saber lo que te pasó…
El joven se puso a llorar y no entendías lo que te respondía, sólo balbuceaba al compás que el viejo se paraba pálido a cerrar su quiosco y perderse por entre las negruras de la noche, ya se habían ido los demás curiosos (hace rato…).
Quisiste besarla y pedirle perdón.
Cuando la mujer sacó su teléfono, él la miro y como pudo dio el número de teléfono, al presionar marcar, él escuchó el tono de marcado por una vez y colgó, le dijo “te amo“ a la mujer y pensó en su hijo antes de cerrar los ojos…

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