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Qui potest capere, capiat

abandono y oscuridad - Destello

abandono y oscuridad - Destello

Apenas cerré los ojos, sentí un viento, y estaba frío. Mecía mis cabellos y agitaba mi ropa. El aire es puro, demasiado. Igualmente alcé los brazos, como abrazando a la eternidad e infinitud que me manoseaba, y cuando me prestaba a dar un paso, sentí una extraña sensación conocida pero deformada: era miedo. De inmediato abrí los ojos para poder enfrentar a ese demonio que me laceraba con su ferviente y  asesina mirada, para devolvérsela desafiante, más no pude creer lo que vi. ¿En dónde está esa criatura? El ocaso perfectamente bello era lo que me abrazaba, un cielo absolutamente anaranjado por el color del  sol en retirada. El suelo estaba revestido en nubes densas y la brisa era perfecta, aunque algo pervertida, pues me susurraba y hurgaba; mas yo me dejaba tal cual niña amedrentada y deseosa, vestida provocativamente en un callejón oscuro. Pero de pronto, el miedo me zamarreó fuertemente. Sentía cómo el color se me iba del cuerpo y empezaba a latir mi corazón al tiempo que me faltaba la respiración. Era… era... el peligro llegado, y por mirar mis pies, vi al demonio, no era otro más que el abismo. Ahí, a pocos centímetros de mis pies. Al verlo, todo dentro de mí se detuvo, congeló y paralizó por unos breves segundos. Sin embargo, las nubes abajo se movían, y el viento chirriaba y se lamentaba. Era el cantar del demonio, que estaba feliz y furioso, así como las sirenas atraían a los marineros, yo sentí un fuerte magnetismo hacia el vacío, pero no seducido ni hipnotizado. Temblando, con la vista borrosa, di un paso hacia atrás como tratando de huir…

 

Ya no puedo pensar, ya no es tan fácil los “había una vez”. Mi concentración ha sido destruida. Puedo enhebrar una idea, pero no desarrollarla. Aquella musa que me visitaba ahora es una vieja asquerosa, gorda repugnante, que no inspira más que asco, tanto que no mi di cuenta del momento exacto en que la dejé de ver. Aunque fue un alivio, no puedo evitar sentir ahora cierta sensación de duelo y tristeza al pensar lo bien que nos la pasábamos, esos abrazos y besos, miradas y nerviosismo, susurros y suaves mordiscos, esas noches de placer y sudor, en que hacíamos el amor por un tiempo indescifrable, para acabar con un punto final, una imagen y un título. Ahora esas ideas no sólo son desarrolladas. Por lo menos, antes podían morir, pero ahora no sólo son el flash de una cámara, sino que son el recuerdo de un flash en una cámara que nunca ha existido. Antes de brillar, se pierden en la oscuridad del olvido; es como si viajasen tan rápido que mueren antes de su propia concepción. Mi abismo interno se tragó el vórtice y la vorticidad.

¿En dónde están esos asesinatos? ¿En dónde están esas revoluciones? ¿En dónde están esas peleas? ¿En dónde están esos amoríos, descripciones, diálogos y ambientaciones?     

... Milímetro a milímetro que me alejaba de aquél demonio, recuperaba más la cordura, pero no pude terminar aquél paso hacia atrás. Algo me detuvo. Algo pisé. Con algo choqué. Cuando me volví a mirar qué atrocidad me esperaba quizás desde cuándo, mi sorpresa no pudo ser más grande: era yo mismo. Flaco, pálido, con lágrimas en el rostro, las piernas y los brazos cortados y sangrando,  me miraba y, al verme, podía volver a sentir cómo fluía esa sangre tibia, esas heridas que dolían con el viento. Perplejo me miré por un instante, pero esa versión de mí dio un paso hacia atrás, y al tiempo que lo hizo, no pudo terminarlo, porque chocó con algo. Era yo de nuevo, traído de otro tiempo, gordo, con mucha barba y el pelo muy corto. Otro más apareció: yo con las muletas y el pie quebrado. Y apareció otro: flaco, de pelo largo, muy muy flaco, con los ojos saltones, y otro surgió: era yo cuando estaba en el liceo -pelo corto, delgado y afeitado- y el último yo con el pelo largo y rubioblanco. Ahí quedé mirándolos. Todos me miraban a mí, me rodeaban. Sentí el viento en la nuca. No tuve tiempo de decir palabra alguna, cuando todos ellos dieron un paso al frente, haciéndome retroceder y perder el equilibrio. De nuevo me paralicé, y apareció el sudor frío, la vista borrosa y el sonido del viento que me gritaba en los oídos, una sensación increíblemente fuerte de succión me embargó, y todos ellos se elevaron rápidamente, desapareciendo en una fracción de segundo. Todo se volvió negro.-

 

 

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N. A. este maricón qliao del soto me editó la weá de redacción

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1 comentario

la mujer -

hace kuanto ke tú no pasas por aki? yo hace un tiempo...y volvi sólo por ti. por tiii pooorrr tiiiiii hoombree!!! para ke perdones la estupidez ,la frialdad virgonista de esta kulia aweoná, (ya, si le toy dando kolor kon la wea ke lei, pero no me estoy dejando llevar ni sikosear por eso, es asi.. usté lo sabe) y la idiotez tal vez la histeria de esta embará ke sólo te kiere y aunke lo deteste te necesita para sentirse mejor en el mundo. para sentirte en él.

el sabado nos hacemos mucho kariño del ke no disfrutamos mucho ahora aunke sí, la kaminata por el puerto kuliao feo pero kon aroma exkisito a sexo fue bacan hacerla juntos.
:}
te kero washito. espero esté en un sueño bonito ahora :)
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