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Qui potest capere, capiat

Cuál es tu historia...

Cuál es tu historia...

¿Quieren que les cuente la historia?

 

Es lo que deseamos.

 

Bueno.

 

 

 Tranquila, muy tranquila diría yo, o mejor dicho, pasando a aburrida, está bien, para qué voy a estar con rodeos, mi vida era soberana mierda.

Desde hace mucho que es siempre lo mismo, como si no pasara el tiempo, como si todos los días fueran el mismo y este termina y empieza al momento de sonar el reloj despertador…

Me transformé en lo que siempre odié, en un mediocre pelafustán de clase media que pasa los meses raspando y apoyándose en las tarjetas de crédito.

El sueldo no sube, siempre es estático, pero sube el pan, la luz y el agua, cada vez me acuesto mas temprano, mis duchas duran menos y compro menos pan que el mes anterior. Todo para poner mantener los mismos gastos, algo que se sale de orden y me atraso con alguna cuota, y ahí es cuando se avalanchan los bancos encima para hacerte saber que el interés sube, que pidas más créditos, y un sin fin de barbaridades que tengo que mamarme cada mes…

 

¿En qué momento dejé de ser un joven entusiasta? ¿En qué momento me transformé en un consumidor de porquerías que no necesito, amargado, solo, y aferrado a la calculadora para saber si me alcanza el sueldo?

No lo sé, lo único que tengo claro, es que estoy atrapado.

 

Siempre es la misma rutina, me he dedicado a contar los pasos desde mi alcoba, hasta la puerta de salida, desde ahí hasta el paradero, la hora exacta en que pasan la locomoción, el tiempo del trayecto hasta el metro.

Siempre las mismas caras, años y años, ellos también están atrapados como yo, sólo que parece que no se han dado cuenta, o de pleno ya se resignaron. La vieja a punta de codazo se asegura un asiento, con sus abrigo plomo, su cabellera plateada, sus abundantes arrugas y esa, sobre todo esa horrible verruga que se ha postrado en su mejilla izquierda, es algo que no es posible olvidar, luego de avanzar dos estaciones en el metro, se queda dormida, o al menos, eso es lo que parece, al principio eso creí, pero hace un tiempo, el metro se detuvo suavemente y anunció un retraso por obstrucción en las vías, la vieja saltó de inmediato pensando que fue alguien quien se arrojó para terminar con su vida, desafortunadamente, desde el último vagón, es imposible darse cuenta de ello, sería un bello espectáculo. Lo otros personajes de este vagón son las escolares, cada años son mas hermosas que el año anterior, con sus faldas cortitas, sus blusas desabrochadas, sus insinuantes perfumes y atrevidos cortes de cabello, oh dios mío, ¿por qué nunca tuve compañeras así? Cierto, fui a un liceo de hombres…

El viejo Guillermo, un anciano que no tiene consideración alguna en ocultar el bulto en su cremallera mientras mira a las bellas y sexy’s escolares lascivamente, siempre inventa patrañas para estar mas cerca de ellas, para tocarlas y quedar como un santo, finge cansancio, ataques de asma, o ceguera repentina. Viejo califa.

El otro singular individuo es uno con aspecto descuidado y sucio, tiene cara de maleante, pero creo que debe ser una especie de nerd moderno, ya que se sumerge en su estrafalario teléfono celular, mientras que el mío es un de tecnología de punta, de punta africana claro está…

Cuando se toma el último metro, el de las 23:00, es fácil sentir curiosidad por estos seres.

Son tantos años de trabajar como conserje en un restauran, de destapar excusados rebalsándose en mierda en que parece que hubiesen cagado la vaca entera. Uno se acostumbra al punto de comer en “la oficina”...  

 

Una vez, una señora se me acercó y entablamos una conversación, me preguntó que a qué me dedicaba, y yo le respondí que soy el encargado de recoger y limpiar los escenarios donde se hacen abortos. Al principio me miró con algo de horror, pero cuando le expliqué la talla, se bajó riendo y ni siquiera me dijo su nombre, jamás la volví a ver, era linda…

 

Cuando todo se torna aburrido y repetitivo, uno se estresa, luego se aburre y por último se resigna, pero ¿haz pensado en qué pasaría si dejas pasar ese último metro, estando ya dentro de la estación? Ese fue el peor error de mi vida, cansado de siempre lo mismo. Lo dejé pasar, me quedé esperando cerca de media hora, y ¿qué crees? Pasó otro metro, con otra gente, con la mitad de las luces apagadas, los guardias te advierten que si no lo tomas, debes abandonar la estación.

Estaba repleto, era sofocante, el viaje se me hizo eterno desde Baquedano hasta Bellavista de la florida.

Me bajé junto con varias personas, caminé hasta las escaleras y las subí, pero mientras las subía, vi a una vieja que no se podía un carrito que con mucho esfuerzo trataba de subir, nadie la ayudaba, yo esperé que alguien más lo hiciera, seguí de largo, al llegar arriba miré hacía abajo, y ahí estaba, en el mismo peldaño, nadie la ayudó, por lo que decidí devolverme y subírselo, muy agradecida aceptó, tenía el pelo largo, plateado y maltratado, con un chaleco en no mejor estado y una falda de flores desteñida, en realidad estaba pesado, era como los que usaba mi madre para ir a la feria.

Al llegar arriba, lo dejé en el suelo, solté un suspiro, y de la nada aparecieron hombres por todos lados apuntándome con pistolas y mostrándome sus placas, eran de investigaciones, me redujeron bruscamente y abrieron el carrito. Sacaron unas cuantas bolsas de ropa de lana vieja, pero al romperlas, un polvo blanco brotó como la sangre de un cerdo degollado, para sorpresa mía, todo estaba lleno de droga, yo me deshice en excusas diciendo que no era mío sino de una vieja, y al decir eso miré hacia abajo y ya no había rastro de aquella anciana.

 De toda una lluvia de aflicciones y extrañas sensaciones que pasaron por mi cuerpo y mente, sólo un pensamiento fue claro: “vieja culiá”…

 

Los policías dijeron tantos garabatos que no logré descifrarlos todos, me pusieron esposas, me golpearon por querer resistirme y me subieron a un auto a las afueras del metro.

 

No me respondían nada de lo que yo preguntaba, sólo me decían “cállate conchetumadre, allá hablarás todo lo que quieras”

 

Estaba asustado, pasaban y pasaban los minutos y yo no sabía donde me llevaban, se me hizo eterno el viaje, la ventanilla entre abierta dejaba colarse un frío y nostálgico aire que combinado a las luces que iban y venían del alumbrado público, era lo único que no me hacía sentirme aún más desesperado, nervioso y como no, iracundo. Creo que por primera vez me cagé en los pantalones, sólo recibí burlas y más garabatos…

 

Por fin el auto se detuvo, me dijeron “bájate cagón de mierda”- estaba todo muy oscuro, un tipo salió desde el edificio al que llegamos, me miró tan despectivamente que en toda mi vida de destapador de excusados había de sentir tantas ganas de agredir a alguien, escupió en mi zapato. Ante tal agravio respondí de la misma forma, recibí patadas y culatazos, sin mencionar los garabatos. Como pude me levanté y golpeé al sujeto (por no decir al culiado) , logré conectarle uno en la nariz y me dispuse a correr.

Corrí hacia el exterior, corrí y corrí, escuché atrás mío “PARA CONCHA DE TU MADRE!!!” seguí corriendo, di la vuelta en una esquina y corrí una cuadra, en eso el mismo auto en que me trajeron me dio caza rápidamente, me cerraron el paso, atónito los vi bajarse ágilmente, di media vuelta y corrí, de nuevo sentí el aire frío, los bocinazos a los lejos y las luces de los postes. Llegué a la esquina, choqué con uno de ellos que venía corriendo con la pistola en la mano, ambos caímos, pero con la adrenalina que en ese momento sentí, me puse de pié antes que él, recogí su arma y le apunté, miré su cara de espanto, su mirada penetrante pero vacía, sudoroso empezó a gemir como un bebé, cerré los ojos, escuché un fuerte estruendo, un dolor insoportable en la espalda me paralizó, los hijos de puta me dispararon. Todo se empezó a oscurecer, los sonidos se hicieron inaudibles y distorsionados, las piernas me fallaron, y de bruces vi acercarse a gran velocidad los pastelones de la vereda, perdí el conocimiento antes de sentir algo relacionado a la caída.

 

Desperté en una camilla, era de día, lo primero de lo que me di cuenta, es que estaba esposado a la cama, traté de reincorporarme, habían dos policías ahí, uno de ellos saltó encima mío y me gritó “LO MATASTE CONCHETUMADRE!!!” y una seguidilla de golpes dieron a parar a distintas partes de mi cuerpo, estaba drogado. Volví a perder el conocimiento…

 

Cuando recuperé la consciencia ya era de noche.

 

Hasta que despiertas.- me dijo un sujeto desde las sombras de la habitación.- llevo horas observándote como duermes esperando que despiertes sin que nada lo provoque.

 

¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?

 

¿Es que acaso alguien necesita un motivo? ¿Un nombre? Pues bueno, lo tengo, mi nombre es Consciente, estoy escondido aquí, este lugar es horrible, me buscan para asesinarme, y como aquí eres nuevo, tú no tienes motivos para hacerlo, aún…

 

Extraño nombre… ¿Quién te quiere asesinar? ¿Los guardias? ¿Los reclusos?

 

No, creo que aún no sabes bien donde estás amigo mío.

 

Creo que no estoy entendiendo.

 

Justo en ese instante, se escuchó una alarma y varios pasos de gente corriendo por el pasillo, el tipo se me acercó, pude ver su rostro por entremedio de la luz que se cuela por los barrotes, era canoso con muchas cicatrices, me miró fijamente a los ojos.

 

Tú nos has visto nada.- dijo y volvió a las sombras de una esquina de la habitación.

 

Se escucharon pasos al otro lado de mi puerta, la abrieron y entraron unos guardias armados, encendieron la luz y me preguntaron: “¿Pasó por aquí?”

Para sorpresa mía, en donde se supone estaba Consciente, no había nada más que una esquina vacía, les dije que no sabía de lo que me hablaban, revisaron la habitación igualmente y se fueron…  

 

A la mañana siguiente, todavía desconcertado por todo lo ocurrido en el metro, más aún por lo de aquella extraña visita, decidí que tenía que salir de aquella lastimosa habitación, habría sido censillo de no tener las manos atadas a la cama.

Observé la habitación, estaba muy descuidada, se podía ver moho en el techo, la pintura color durazno se estaba descascarando.

De pronto, una enfermera entró a la habitación, y me dijo:


Hey, flayte de mierda, tómate estas pastillas.

 

¿A quién le vienes a decir flayte, gorda asquerosa?

 

Ya verás.- dijo mientras se retiró de la habitación, en realidad, era un a gorda horrible.-

 

Entró con un par guardias, me dijeron que no me hiciera el gracioso, y a la fuerza, me quisieron dar las pastillas, las que escupí de inmediato. De un fuerte y doloroso golpe en el lugar en donde me había impactado la bala, me hicieron gritar, uno de ellos metió su puño en mi boca e introdujo las pastillas, fue repugnante, me las tragué.

 

Desde ese instante, me di cuenta, que jamás saldría de ese lugar, me adormecían.

Tengo vagos recuerdos del tiempo que de ahí pasó en adelante, paseos sin rumbo por un patio, otros individuos que miraban con cara de imbéciles cualquier cosa, el suelo, el cielo, las paredes, o simplemente, nada. Nunca más vi u oí algo del sujeto extraño que se apareció en la noche. Siempre estaba mareado, quizás la sensación más parecida a eso, es la de estar ebrio, pero con la diferencia de que no eres feliz, ni triste, eres como una especie de nada andante. Comidas horrendas, con sabor al metal de los utensilios. Más y más pastillas.

Frío en las noches, calor en tardes, me entretenía mirando y matando insectos, tal cual hace un pequeño gatito.

Hasta que un día, uno de los idiotas, me ensució con pintura la ropa, por lo que uno de los guardias me prestó su ropa de calle por el tiempo en que se demora que limpien la mía, me llevó hasta sus camarines, había un televisor que estaba encendido, varios guardias lo miraban como zombies, sin mente, la vista clavada en ese aparato cuadrado y sin sentido, le presté atención, estaban viendo las noticias. Era terrible, afuera de aquél lugar coercitivo de todo tipo de inteligencia, había una guerra, ya no existían las naciones, sino más bien, ideales, una imagen se me quedó grabada, Santiago en ruinas, hablaban de una explosión nuclear en cadena, de Chile ya no quedaba nada, fue entonces que recuperé la razón, un pensamiento fugaz me hizo volver de ese estado de transe en que me dejaban las pastillas. “Si de Chile ya poco y nada queda, ¿en donde rayos estoy?...”

 

Una vez que el guardia me pasó su ropa, y con la razón recobrada, inspeccioné el lugar discretamente, casilleros oxidados, pintura descascarándose, ropa tirada en el suelo, seguía escuchando la televisión mientras me vestía.

“(…) terrible sin lugar a dudas, es la sensación imperante en estos momentos, el aire es asfixiante, mi país sucumbe ante los enemigos, mi ciudad natal arde en llamas, se escuchan sirenas a lo lejos de los carros de bomberos con sus integrantes seguramente muertos ante el sofocante aire radiactivo, este año, el 2010, es el año en que murió la ilusión de un país creciente democrático y libre (…)”

 

Increíblemente, pasaron 20 años en un parpadeo, 20 años de encierro, ya ni me acordaba por qué estaba en ese lugar, abandoné los camarines, el guardia se quedó con los otros a observar el televisor, no sabía en donde estaba parado, caminé por el corredor, vi una puerta con la luz que se prendía y apagaba, era un baño, me lavé la cara, vi mi rostro en un sucio espejo, ya no era como lo recordaba, canoso, arrugado y con una que otra cicatriz. Sentí mucha pena así que salí de ahí, vi una puerta al final, la crucé y di a parar al patio central, ya era de noche, se me acercó un individuo y me dijo:

 

De verdad que este lugar es el peor lugar del mundo.- y se retiró.

 

Lo seguí, llegué a un corredor que no conocía, o bueno, no recordaba, llegué al recibidor, el tipo dijo “Adiós Guillermo” una especie de recepcionista, yo haciéndome el tonto, salí de la misma forma y le dije, “Nos vemos Guillermo”, y adiós me respondió.

Crucé la puerta y ahí estaba, en la calle, libre.

 

Todo era desconocido, caminé un par de cuadras más abajo, el viento frío y la anaranjada atmósfera me hizo recordar de cómo llegué a aquél sitio. Encontré un lugar abierto, este lugar, me senté y me encontré con usted.

 

Oh. Te lo has ganado, aquí tienes un buen vaso de ron..-dijo el sujeto que me escuchó con mucha atención mi historia, luego le dijo al cantinero que el bar estaba completamente abierto para mi.

Mientras bebía, el sujeto se levantó y me dijo que iba al baño, el sabor del ron era tan placentero, pedí otro, pensaba que en esta infame hora, en que ya se me acabó la risa y se me nubla la vista, mientras que tomo y tomo, recordando lo perdido, ya no quiero empezar de nuevo. el sujeto no volvió. La rabia me induce, me hierve la sangre, pedí un vodka.

Salí de ahí, me devolví recordando todas las atrocidades, las violaciones, los guardias por diversión nos hacían pelear entre nosotros y las humillaciones. De nuevo la fría brisa sacude mi tez, pero ya no es nostalgia, es rabia la que me impulsa casi magnéticamente a aquél sitio olvidado por Dios..

Crucé de nuevo la puerta y le dije al recepcionista.

 

“viejo califa” .- y le aventé el vaso que tenía en la mano en plena frente.

 

Quedó tirado en el suelo inconsciente y sangrando, entré por el corredor, llegué hasta los camarines de los guardias, aproveché que estaban distraídos y cerré la puerta trancándola con un palo de escoba y mientras y casi mágicamente, encontré al lado, una bodega de los auxiliares, con suficiente líquido inflamable, rocié todo el lugar con los golpes y los gritos de los guardias como la más bella sinfonía de fondo. Inspeccioné el lugar (mientras lo rociaba) asegurándome de que nadie quedara con posibilidades de escapar.

Una vez que terminé el combustible, salí de ahí, me encontré con el recepcionista que se estaba reincorporando, de una sola patada en la cara quedó nuevamente tirado, revisé sus bolsillos y listo, lo que necesitaba, un encendedor.

Abandoné aquél sitio y desde enfrente, me quedé mirando como ardía en llamas, escuchando sus gritos y alaridos. El olor a carne quemada me recordaba los excusados llenos y rebalsados en mierda.

Fua ahí cuando llegaron ustedes.

 Todo por haber ayudado a esa vieja conchesumadre.

 

Tranquilo caballero, nosotros le ayudaremos, no tiene nada de qué preocuparse, tome estas pastillas y se sentirá mejor…

 

 

Pobre tipo, jura que creeremos semejante estupidez, llévenselo, es un pobre viejo loco que quemó un asilo de ancianos.

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"VIEJA CONCHA DE SU MADRE".-gritaba una y otra vez desde la oscuridad de su celda, toda la noche, hasta el amanecer, luego fue derivado a un recinto penitenciario y nunca más supe de él...

Esa es mi historia nietos míos, por si quieren seguir los pasos de un policía como yo, para que vean que en la villa del señor hay gente que tiende a disfrazar la realidad...

 

 

 

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2 comentarios

ale -

desde hace mucho tiempo que no leia algo bueno, muchas gracias sebastian por recordarme cuan exitante es leer estas cosas que cambian y maquinan un poco mas mi mente.
si tienes algo mas mandamelo ami mail.
recuerda que yo los imprimo y los tengo guardados

talves algun dias los publiques ojala que sea asi

cuidate

y cuando su junta para beber sus beers arroz
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Marianne -

Por fortuna, si. Siempre se puede estar peor. Me faltó aclarar que eso lo excribí durante el colapso máximo (se nota?, pero bueno, son detalles.
con gusto leería el texto enooorme, pero los logaritmos me están tragando :/

Cuídese, mi estimado, buena estrella para su vida y vea el lado coca cola de la vida xD (maldita campaña publicitaria)
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