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Qui potest capere, capiat

Rutina

Estoy bajo un eterno letargo aprehensivo que aprisiona mi ser hasta el punto de llevarlo al conformismo casi dogmático, al que acepto sin oposición de manera enclaustrada por los cimientos de las tinieblas siguiendo un dictador desconocido, que impera sobre mi como algún día lo hizo el Duce.

Un dictador interior que mantiene su mandato sumergido en neblinas espesas que un día opacaron al mismo sol, por lo que se extinguieron muchos seres que no soportaron la nueva realidad a la que fueron sometidos, un dictador que se protege en el anonimato de la incógnita invisibilidad

 

Estoy aquí sentado en mi cama, miro el reloj, son la 02:30 AM. Compruebo que este puesta la alarma del despertador, para no pasar de largo, lo que pondría en riesgo mi trabajo.

Apago la luz, no tengo sueño, debe ser porque dormí en la tarde, después de un agobiante viaje en micro, atosigado por el calor y las ancianas que miran con cara de lastima para que le des tu asiento. Mas encima irme de pie.

Trabajo como profesor en un liceo municipal en la que debo soportar ilegibles trabajos, en que la falta de ortografía es llevada al extremo, de tener que corregir hasta la palabra “fesha” o “travajo”, también mi nombre es magullado por aquellos seres, “Sevastián”.

Dios, ¿qué hice para merecer esto? ¿Qué debo hacer? ¿Estoy acaso obligado a que contesten las pruebas en el computador de su casa?

 

Cuando niño estudié, bueno, estuve en un colegio desde los 5 años hasta los 18, con 2 meses de vacaciones y dos semanas a lo largo de cada año, vacaciones que disfrutaba visitando a otros familiares, salía con los familiares que tenía que soportar todo el año, y cuando por fin no tenía que hacer algo para el día siguiente, visitaba a otros familiares.

Cuando me di cuenta de aquel absurdo comportamiento, dejé de visitarlos y prefería quedarme solo.

Luego llegó la tan anhelada fecha, cumplí los 18 años, en la que se suponía tendría mi libertad de niño reprimido, pero no me sirvió de nada. Seguí siendo dependiente, ya que necesitaba el dinero de mis padres.

Estudié en la universidad, me gradué, trabajé, me compré un departamento en el 7 piso, vivo solo.

Ahora que tengo mas de 10 años trabajando en el mismo lugar, me doy cuenta que desde hace mas de 10 años que hago las mismas cosas, me acuesto a la misma hora y me levanto a la misma hora, siempre el mismo recorrido hacía el trabajo, inclusive me di el tiempo para contar los pasos, 20 pasos hasta el elevador, de ahí 70 pasos hasta el paradero y en total hasta el trabajo son 58 min. y 450 pasos.

¡Que aburrida es mi vida ¡ perdí el entusiasmo de vivir, ya no tiene gracia, siempre el mismo recorrido todos los días. Cuantas veces he mirado desde mi balcón hacía la calle, con ganas de saltar, de librarme de mi propia vida, de sentir el viento emancipador de una caída sin mas obstáculos que el asfalto endurecido por el caminar incesante de la gente, que pasea a la misma hora todos los días, veo el cielo ensombrecido por las luces anaranjadas del alumbrado público y el tan conocido y polémico smog, que a pesar de ser abatido por extensos lagrimeos de las nubes, revive, surge de las cenizas como algún día lo hizo el mítico ave Fénix, la constancia de los automóviles que alardean con sus bocinas vociferantes de triunfo ante los atosigados peatones. Pero... aún estoy a tiempo de cambiar, de librarme de esta vida repetitiva, mejor me levanto, tengo muchas deudas que pagar y si pierdo mi trabajo tendré muchos problemas, pero ¿qué importa?

Lo decidí, voy a salir...

Me levanto, me visto, tomo mi antigua ropa que usé cuando joven, carcomida por el polvo de los años y de alimañas desafiantes a la naftalina, tomo mi pólera a rayas blanco con negro, mi abrigo con hebillas por doquier, algo parecido al de Béla Lugosi, mis bototos, que también tienen hebillas de arriba a bajo, a los que tuve que sacudir por las arañas.

No sé que hora es, camino dos cuadras abajo en una calle que siempre estuvo ahí, pero que nunca visité, y me encuentro en una disco, titubeo antes de entrar, ¿qué hace un viejo como yo, en un lugar plagado de adolescentes algo exuberantes, maquillas de exagerada manera, pero muy hermosas sin duda alguna? Seguramente creerían que soy un degenerado, pero ¿qué importa?.

Entro, la música se me hace desconocida, es magulladoramente fuerte, la densa neblina del cigarro hace juego con las luces a modo de rayo láser de colores, y esa  epiléptica luz blanca parpadeante que da el efecto de que todos se mueven en cámara lenta; como lo sospeché, todo esta lleno de hermosas adolescente que podrían ser mis hijas.

Me dejo llevar por la música estridente que ahora identifico, es algo de tecno variando al electro dark, con oscuros acordes mezclados con la voz de Robbie Williamz, me dejo llevar por la música, bailo mirando al resto para no quedar en ridículo, luego de un rato me dirijo al bar, pido la especialidad de la casa, me sirven un trago desconocido, no es muy fuerte, pero si muy rico, pido 3 más, desde mi piso giratorio sorprendo a unas atractivas muchachas que me miran de manera muy atrevida, perturbado miro hacía otro lado, sorprendo esta vez a dos apuestos chicos que se están besando descaradamente, lo mismo hacen dos niñitas que cerca están. Luego me vuelvo hacía el rapas barman, con su sudado camisón, su particular mostacho y su tatuaje arriba de la oreja izquierda con forma de revolver apuntando a su cien, cuando este se da vuelta para preparar un trago, observo que tiene otro tatuaje en la nuca con forma de código de barras, y justo es eso, una de las chicas que me miraron se sienta al lado mío y me dice muy tiernamente:

 

-¿Estás solo?-

 

-Sí-.respondo torpemente cautivado por su jovial belleza.

 

-¿Quieres sentarte con nosotras?

 

-Bueno.-

 

La niña me toma de la mano, me lleva, yo me dejo arrastrar hasta su mesa, ahí me esperaban otras dos lindas chicas. Una se llamaba Catalina, la otra Patricia y la que me llevó se llamaba Vanesa. Todas compañeras de curso en 3°medio.

Luego de una insipiente conversación cargado de potentes indirectas, me dicen que necesitan dinero, y que cuanto les daría por las tres juntas, yo algo ofendido, pero muy excitado, respondo:

 

-15 por cada una.-ellas titubean y aceptan, me indican un salón VIP, que no era mas que una mesa rodeada por cortinas de baño.

 

Al llegar allá me senté con Vanesa y Catalina con Patricia se sientan en frente, Vanesa, una hermosa rubia teñida con ojos verdes, me da un tierno, pero caluroso beso, mientras que las otras dos chicas de pelo negro y tez blanca, empiezan a acariciarse muy lenta, pero provocativamente. Algo excitado y extasiado, beso a Vanesa sin dejar de mirar a las chicas de enfrente, cuando de pronto, Vanesa pone su mano en mi entrepierna, me acaricia y empieza a bajarme la cremallera. En ese instante recordé que tenían 17 años y que podrían ser mis hijas, me incorporé rápidamente y salí de la disco, las chicas sorprendidas empezaron a decir atrocidades, si hubiesen dicho eso mismo un siglo antes las hubieran quemado creyendo que fanfarruñaban un conjuro.

 Caminé otras dos cuadras mas abajo, no quise devolverme a mi departamento, porque quiero mas aventuras, tomo un taxi, me subo, el chofer con raro acento y gafas oscuras me pregunta a donde ir, y yo le respondí que adonde se le antoje y de inmediato me llevó a unos pasajes cada vez más distorsionados y sombríos que los otros, de pronto se detiene en un lugar completamente oscuro y dice:

-Llegamos, son 10 mil pesos.-

 

-¿Donde estoy?.-pregunté asustadizo

 

-En villa Gótica.-

 

-¿Esto es una broma o me viste cara de que?

-  No, le dicen así porque siempre es de noche.-

Y de improvisto se da vuelta y con un revolver me apunta y me dice:

-Te vas a bajar o te bajo yo?.-

 

-Me bajo solito.- respondí mientras le daba el dinero.

 

De pronto me vi solo en un lugar desconocido, desolado ante lo tenebroso del lugar sin alumbrado público, luego empezaron a aparecer un cúmulo de prostitutas y de, yo creo travestís, empezaron a acosarme, mostrándome sus horribles y marchitos senos, caminé esquivando todo ser que tenía a mi paso, y encontré un bar con características medievales, al entrar vi a una persona tirada en el suelo boca abajo embadurnada en su propia sangre, horrorizado entré y traté de buscar ayuda, pero encontré sólo burlas, frustrado, salí de inmediato para prestarle auxilio a ese pobre hombre,  al salir vi un montón de gatos que se abalanzaron sobre este, los ahuyenté y ya era demasiado tarde, se habían comido gran parte de su cuerpo, lo di vuelta, no tenía un ojo, y el otro, se deslizó por su pómulo hasta quedar en mi mano, húmedo y gelatinoso, horrible; me fui de espaldas, casi me desmayé, observé el ojo colgante aferrado de su nervio óptico.

Vomité de asco, me incorporé y entré en el bar, mi celular ya no estaba en mi bolsillo, seguramente me lo robaron las rameras adolescentes de la disco. Fui donde el barman, le conté todo lo sucedido y este me dijo que era común, en este lugar donde la gente no duerme tiende a comportarse de manera extraña.

 

-Y ¿por qué no duermen?- pregunté algo calmado del aterrador episodio.

-Porque siempre es de noche.-respondió.

 

Luego de un par de tragos pedí la cuenta sacando unos billetes  y este los miró y me dijo que en este lugar no se cobra dinero, y saca al instante un posillo y un cuchillo.

 

Verá señor, aquí, por las constantes peleas, lo que se necesita es sangre.- dijo mientras se arremangaba la camisa.

¿Está loco?-dije asustado.

 

-Pregúnteselo al idiota de afuera que se resistió a pagar la cuenta por un huevo frito,. Dijo mientras su expresión se tornaba de calmada y buen hachón a sombría y desquiciada.

 

-Ya no es necesario resistirse, a su cerveza le eché una sustancia que inmoviliza sus piernas, compruébelo.

 

Horrorizado lo comprobé, no podía moverlas, pero si podía mover los brazos, por lo que tomé el cuchillo y sentí un ligero piqueta, vi  que efectivamente tenía unas agujas.

 

-Ahora pagarás el precio; si tomaste el cuchillo fue para agredirme, ahora no podrás mover los brazos por la sustancia paralizadora de las agujas, acá sacamos las sangre con jeringas, o que, ¿crees que somos unos bárbaros?.-dijo mientras buscaba unos utensilios, luego sacó una cuchara y añadió:-ahora tendré que sacarte un ojo, ya que tiene sustancias muy nutritivas que necesitan las plantas sin sol, además, así nunca se te va a olvidar.

 

Impotente observé como acercaba la cuchara, casi de forma ceremonial y con mucha delicadeza.

¡NO!- grité desesperado.

Sentí la cuchara y con mucha paciencia así como las de los médicos en un cirugía, empezó con un traqueteo, de inmediato dejé de ver por ese ojo. Luego una sustancia tibia brotó de mi rostro, sangre que dio a para en el pocillo deliberadamente colocado. Caí de espaldas al suelo, el barman se dio la vuelta, me tomó por el hombre y me subió a su espalda, como quien carga un saco de papas, me lleva a las afueras del local y me arroja, de bruces al suelo di a parar, se me quebró la nariz por el fuerte costalazo. De inmediato aparecieron los gatos, todos con apariencia senil, y con una placa colgando de sus collares para pulgas, uno que me empezó a mordisquear mi ceja, tenía una placa que decía “don Antonio”.

Se escucha un disparo muy cerca de donde yo estaba,  los gatos salieron corriendo y se perdieron por entre las tinieblas de la noches sin alumbrado, de la misma forma en que aparecieron.

Unos tipos con gafas oscuras, sudaderas y un habano, me tomaron y me llevaron al auto.

Me inyectaron algo, no sé que, pero recobré el movimiento casi instantáneamente.

 Me incorporé, les di las gracias y cuando me dispuse bajarme del auto, estos me lo impidieron y me dijeron mientras me apuntaban con un arma:

 

-Espera chico, nosotros te hicimos un favor, y ahora tienes que devolvérnoslo.- dijeron con acento cubano.

 

Afligido respondí:- ¿qué debo hacer?

 

-debes pasarle este paquete a un señor.- dijeron mientras me pasaban una caja parecida a las de los zapatos.

 

Me llevaron hacía la salida de un casa casi en ruinas, de tétrico aspectos, llena de tela de arañas y paredes roidas, no estaba tan lejos del bar; don Amaro era el que debía recibirlo.

Apenas toco el timbre, una hilera de balas empezaron a pasearse por alrededor mío, los tipos del auto se dieron a la fuga, sentí unos zumbidos, seguramente de las balas que desde el interior de la casa venían, arrojé la caja hacía adentro y salté al suelo, de inmediato una explosión sacudió el suelo, los vidrios de las ventanas quedaron incrustados en mi espalda. Un pitido me produjo sordera, creo que me salía sangre de los oídos. La casa se derrumbó y unos gritos deseperantes y privadores de la cordura se escuchaban por entre los escombros, entre ellos, los gritos de unos niños y bebés.

 

Luego, moribundo caminé por horas, las rameras y travestís se hacen a un lado, ya no me acosan (que alivio), mi reloj quedó hecho trizas por la explosión, la sangre que emanaba de mi rostro, mi espalda, mi estomago, en que seguramente impactó una bala, no dejaba de correr, sangro mucho, con suerte puedo levantar los pies, todos está oscuro, siento unos maullidos detrás de mi, miro hacía atrás y no veo mas que sombras que se disuelven entre sombras.

Camino hasta llegar a un túnel, tengo sueño, mucho frío, llegó mi hora, es hora de morir, de yacer por fin el un descanso eterno, liberador de la vida de alguien común que hace las misma cosas y apenas hace algo distinto, queda hecha trizas, como yo, casi sordo, tuerto, nariz quebrada, un agujero en el estomago y el mosaico de vidrios en mi espalda, y unos gatos que me persiguen como buitres, listo, llegó mi hora, aquí sucumbo, no veo nada, no tengo fuerzas para permanecer de pie, me dejo caer, ya no estoy asustado, siento el tan anhelado viento liberador revoloteándome el pelo, es una caída libre, sin mas obstáculos que el asfalto, basta con recordar cada acción de un día para recordas mas de 10 años, a pesar de ser un distancia tan corta, dura una eternidad y ese molesto sonido: piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.....

    

…… justo antes de caer de espaldas al suelo, el sol apareció de un instante para otro, todo se disipó.

El sol no era sol, sino que era la luz de mi alcoba que mi gato don Antonio encendió por apretar el interruptor al tratar de atrapar una araña que me picó. Maldito gato, botó el florero de la repisa.

Veo la hora, y son las 02:35 AM, debo dormir, mañana tengo que tomarles una prueba a los niños.

   

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2 comentarios

Marianne -

Macabramente delirante e hilarante.
excelente el final!

y me cargan los gatos que se pasean como si nada por mi casa y se adueñan de mi patio, pero los que aparecen aquí me encantan, jajajajja.

sería todo, ando con el tiempo en contra
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Marchant -

ajaajjaajajajajaja
la trágica historia de una barroca mezcla entre Bayer e Iriarte! jajajajaja
rarito el texto, hay que decirlo, y viva Chile mierda!!
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